De visita en la capital de Oaxaca
¿Qué es lo primero que viene a mi mente al escuchar Oaxaca? Ahora, pienso que la palabra que mejor lo describiría es «riqueza». Es cierto que, según las estadísticas, en el estado se encuentra uno de los municipios más pobres del país pero, contradictoriamente, es uno de los estados mexicanos con mayor riqueza en múltiples campos: posee la mayor diversidad de lenguas indígenas, platillos típicos, especies de plantas, ecosistemas, la lista es larga…
El segundo día lo utilicé para conocer mejor la cultura del lugar, ya que creo que eso es imprescindible para disfrutar mejor la experiencia, y para ser sincero, me sorprendió conocer detalles tan curiosos sobre las costumbres y tradiciones de un estado tan rico en conocimiento. Me sentí orgulloso de vivir en un país tan megadiverso.
DIA 2
Como mencioné anteriormente, contraté un recorrido de ocho de la mañana a siete de la noche a los principales atractivos de Oaxaca para mi segundo día. Desperté muy temprano para comer a tiempo antes de mi hora de recogida. Desayuné algo muy ligero: pan tostado con mermelada, yogur y jugo de naranja.
Al iniciar el recorrido, recibimos las instrucciones del guía y nos dirigimos al pueblo de Santa María del Tule, reconocido por ser el lugar que alberga al famoso Árbol de Tule. Es la primera parte del recorrido ya que se ubica a solo 13 kilómetros de Oaxaca de Juárez. Honestamente, este atractivo me pareció más interesante para visitar al principio, ya que desde niño aprendí sobre la historia de este árbol.
El Árbol de Tule se encuentra en la propiedad de una iglesia y necesitas pagar para tener acceso. Preferí no entrar al sitio pues el árbol puede verse desde lejos y no vi necesario pagar una cuota por estar más cerca. La visita en ese pueblo duró 30 minutos.



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Conociendo más sobre las costumbres oaxaqueñas
La siguiente parte del recorrido fue la visita a un pueblo cuya actividad económica principal es la venta de productos de lana. Nos reunimos para escuchar una presentación sobre la fabricación natural de la lana y los colorantes de las fibras de lana. Es curioso que ellos nunca usan colores artificiales, sino elaboran los colorantes a partir de la cochinilla, plantas, miel, etc. Fue una exposición muy interesante donde aprendimos sobre el estilo de vida de la comunidad.
Unos cinco minutos después, llegamos a otro pueblo cercano en una tienda de velas para conocer la fabricación natural de la cera de abeja. El encargado nos enseñó más sobre la importancia de las velas en la cultura de su comunidad. Él nos contó que los hombres que pretenden a una mujer, tienen que regalar una gran cantidad de velas (junto a otros presentes como pan y frutas) a todos los conocidos de la novia el día que él pide su mano. El presentador nos platicó que el día que él pidió la mano de su novia ¡llenó toda la habitación de su prometida con obsequios para su familia! Los padres reciben la mayor cantidad de regalos y de ahí, los hermanos, los abuelos, los amigos, etc.
Hablando sobre la calidad de la vela natural de abeja, él explicó que esta no se derrite fácilmente y es muy fácil de manejar durante su producción. Sin duda, me pareció una platica muy instructiva.






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La zona arqueológica de Mitla
La siguiente parada fue en las ruinas de Mitla. El lugar fue muy diferente a como yo pensé. La zona arqueológica consiste en un conjunto de estructuras y columnas de gran tamaño. Desde mi punto de vista, las edificaciones no fueron tan asombrosas como otros lugares pero su historia es muy interesante.
El guía explicó que lo ideal es visitar primero Monte Albán y después Mitla (lo cual no hice) ya que existe una secuencia de tiempo entre estas dos zonas: Monte Albán se fundó 500 años antes de Cristo y fue una de las ciudades más importantes de Mesoamérica, sin embargo, por razones no claras, los zapotecas abandonaron la ciudad y se mudaron a Mitla. Tristemente, en el siglo XIV, los colonizadores destruyeron varios palacios prehispánicos y construyeron templos católicos en su lugar. Por eso me pareció curioso ver una extraña combinación de una iglesia con piedras de diseño prehispánico.
Más adelante, dentro de la misma zona, hay un mercado muy colorido donde encontré ropa típica muy barata. El guía nos dijo que la diferencia de costo es porque la calidad de los materiales en las ropas es inferior, la tela es más delgada y su textura es más áspera. Entre las diferentes tiendas pude encontrar artesanías, sombreros, vestidos de mujer en su mayoría, bolsas y bebidas con alcohol.

Sentí mucho calor, así que compré un helado de queso blanco. ¡Muy rico pero bastante dulce! Después de comerlo, tuve mucha sed así que compré una michelada bien fría. Muy recomendado y lo puedes conseguir en la parte izquierda de la entrada del mercado.
Entre las artesanías oaxaqueñas más famosas pude encontrar a «los alebrijes», esas figura extrañas de animales coloridos y curiosos que seguramente viste en la película de «Coco«. En Oaxaca, los alebrijes se elaboran de madera de copal, un árbol de madera resistente y aromática que tiene muchos usos en la vida cultural de la zona. De seguro en tu visita a Oaxaca, vas a encontrarte a uno de estos olorosos y apreciados árboles.

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